miércoles, 2 de septiembre de 2009

MES DE LA BIBLIA

Por: Jorge Augusto Santamaría Lizarazo, Pbro.
Delegado para la Pastoral Bíblica

Septiembre es, tradicionalmente, el MES DE LA BIBLIA, y quiere ser un tiempo favorable en el que muchos se abran a la escucha de la Palabra de Dios que hace verdaderos discípulos del Señor. La reciente congregación de los Obispos en Aparecida nos habla en varias oportunidades de este deber: “Nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe, ya que es la única manera de madurar su experiencia religiosa” (Aparecida, 226c).

La palabra de Dios es la vida de la iglesia:
La Iglesia nos ha venido enseñando y recordando, especialmente desde el sínodo de obispos realizado en Roma en octubre del año pasado, que La Iglesia nace y vive de la Palabra de Dios; en la Sagrada Escritura descubrimos cuál es el plan de Dios sobre nosotros mismos, sobre el mundo y sobre las cosas. En palabras del Concilio Vaticano II, «en los Libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (Dei Verbum 1). La Iglesia tiene vida porque se alimenta de la Palabra de Dios en ámbitos muy concretos como la liturgia, ya que “cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Cristo quien habla” (Sacrosanctum Concilium 35), también se alimenta de esa Palabra en la oración, en la evangelización, en la catequesis, etc.

La Palabra de Dios es la Misión de la Iglesia:
Por otra parte encontramos que, después de alimentarse con la Palabra, La Iglesia tiene como misión proclamar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne. Esto quiere decir que nos alimentamos de la Palabra de Dios para ser testigos de Jesucristo en medio del mundo. Predicando la Palabra de Dios la Iglesia entera (obispos, sacerdotes, laicos) toma parte en la construcción del Reino de Dios.
Respecto a esto nos podemos entonces preguntar: ¿Qué importancia damos a la Palabra de Dios en la vida de nuestras comunidades? ¿Cómo cristianos que somos, nos alimentamos y nos dejamos transformar constantemente de la Palabra de Dios? ¿Nos preocupamos por darla a conocer a los demás?

El mes de la Biblia, con el material que siempre nos brinda para esta fecha la Conferencia Episcopal de Colombia, es un momento oportuno para que recordemos y pensemos todas estas cosas, para que renovemos nuestro deseo de procurar, ojalá todos los días, este encuentro verdadero con Jesucristo en las Santas Escrituras, para que podamos ser sus discípulos (seguidores) y sus apóstoles (enviados).
Finalmente, nos dejamos también motivar por el testimonio de San Jerónimo; su fiesta es el 30 de septiembre, día de la Biblia. Él decía: “Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”.